VISITANDO LA CASA DEL “CHE”

En Alta Gracia, Córdoba, vivió parte de su infancia y adolescencia uno de los personajes históricos argentinos más queridos y discutidos de Latinoamérica: Ernesto “Che” Guevara.

Esta pequeña ciudad que goza de gran atractivo turístico ofrece una importante diversidad de espacios verdes y serranías que invitan al contacto con la naturaleza. La tranquilidad del lugar lo convierte en una especie de oasis sin dejar de estar perfectamente conectada con otras localidades turísticas, con el aeropuerto internacional, así como con la capital de la Provincia de Córdoba que es la segunda en importancia en Argentina. Cuenta, además, con un importante legado histórico reconocido por la UNESCO, además de diversos museos que atrapan el interés de los visitantes y acrecientan la vida cultural del lugar.

Mientras intentaba encontrar Villa Nydia, la casa que habitó Ernesto Guevara, vi un grupo de motoqueros que alteraban levemente la tranquilidad del barrio algo alejado del centro de Alta Gracia y no terminaban de retirarse.  Pensé, ingenuamente, que ese era precisamente el tipo de público joven, bullicioso y con cierto fanatismo que atrapaba el personaje histórico que vivió en el lugar que buscaba. No me fueron indiferentes sus camisetas con la cara del Che estampada en el frente ni la canción que algunos de ellos tarareaban y que luego yo escucharía en el interior de la casa.

En el momento mismo de ingresar al museo me fue ganando la mística del lugar. Me recibió la música que tanto había oído años atrás en mi recorrido por La Habana y Holguín, me sentí un poco en Cuba otra vez.

Con mucha curiosidad, entré a cada una de las habitaciones que albergó a la familia durante años. En cada una de ellas, me detuve frente a las fotos más emblemáticas de la historia del Che que conviven junto a la calidez de una casa con “vida” propia, muy de provincia.

Me enterneció ver su dormitorio junto a sus juguetes o la cocina donde, seguramente, hacía sus tareas escolares en compañía de su madre dado que en ese lugar pasó su infancia. La habitación hizo que imaginara a ese niño algo enfermizo afectado por el asma que había llevado a la familia a vivir en Alta Gracia. Fueron en búsqueda de un clima seco que lo favoreciera, sin embargo, Ernesto, superando su dolencia, tuvo una vida activa, con prácticas deportivas, lo cual fue generando en él al hombre disciplinado que fue en la adultez.

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Fotos de la infancia de Ernesto junto a sus padres u otras, además de elementos de uso de la rutina familiar atraparon mi atención. Pude observar no solo con detenimiento el dormitorio del niño, sino también, en la cocina, la máquina de coser de su madre y la vajilla que usaba la familia.

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La familia vivió en Villa Nidia desde el año 1935 al 1943, luego se trasladaron a Córdoba para que Ernesto pudiera cursar sus estudios de medicina en la Universidad Nacional. No obstante esto, la casa museo guarda la bicicleta con la que recorrió, posteriormente, gran parte de Argentina. También, ocupa un papel protagónico en el lugar una réplica de la motocicleta a la que llamó “la Poderosa”, que lo llevara junto a un amigo a conocer buena parte de Latinoamérica; hazañas y reflexiones de este viaje relata en su conocido libro “Notas de viaje”.

Más allá de que su narración deja ver un claro matiz ideológico, en este libro el Che se nuestra como un viajero apasionado cuando dice: “Allí (…) comprendimos que nuestra vocación, nuestra verdadera vocación era andar eternamente por los caminos y mares del mundo. Siempre curiosos, mirando todo lo que aparece ante nuestra vista”.

En 2004 se filma una versión del texto del Che. La música que acompaña la película, en 2005, gana el Oscar a la Mejor Canción Original, su autor fue Jorge Drexler.

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No son pocos los objetos que el visitante puede observar con detenimiento y, en algunos casos, hasta con veneración. Esto depende de la motivación, la curiosidad o el reconocimiento ideológico que uno le haga al lugar, pero nadie queda ajeno a la importancia histórica que tiene el museo. Ver las fotos de expresidentes latinoamericanos como Castro o Chávez firmando en el cuaderno de bienvenida, observar el video que se grabó aquel día y que se repite una y otra vez frente a turistas que no dejan de mirar con un interés incuestionable, todo hace que demore la partida y vuelva sobre mis pasos para observar con renovada atención la casa desde otra perspectiva en el pequeño parque que contiene afiches conmemorativos y una importante escultura del Che en su adultez.

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Ernesto Guevara, el “Che”, es parte de la historia reciente de Argentina y Latinoamérica, uno puede discutir o aceptar sus ideas revolucionarias, lo que no puede hacer es visitar con indiferencia ese lugar que alberga testimonios que lo evocan: su letra en el cuaderno, la canción y música con que se lo reconoce, sus objetos personales de uso cotidiano, la réplica de un uniforme que usó estando ya en sus actividades militares en Cuba o billetes cubanos con su cara, entre tantos otros que fueron restaurados y expuestos de manera rotativa (según me explicaron las guías).

Esta casa-museo fue pergeñada desde el afecto; sus amigos y conocidos fueron los artífices del lugar. Un espíritu hogareño difícil de encontrar en un museo, escenas de la vida familiar se replican en las habitaciones principales conviviendo con los efectos personales del hombre público de quien hoy es, al menos, un personaje histórico de gran importancia para la historia latinoamericana.

2 comentarios sobre “VISITANDO LA CASA DEL “CHE”

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