FRIDA PUERTAS ADENTRO

Cuando me encontré frente a la casa de Frida (y Diego), azul y pequeña, su refugio familiar en Coyoacán, sentí emoción e incertidumbre. Luego, cuando entré a su “mundo”, todo fue descubrimiento, todo fue conmoción.

Me interesaba acercarme a la intimidad de la mujer (no de la artista), sus posibles actos rutinarios, sus desesperados momentos de soledad, sus excesos. Me interesaba intuir su cotidianidad, su universo femenino alejado de los autorretratos y de sus obras en sí, no soy capaz de hacer análisis sobre ellos, solo puedo admirarlos y dejar que los entendidos hablen con autoridad. A la vez, me pregunto si es posible deslindar una faceta de Frida de la otra. Lo intentaré…

Cada sala está identificada por una de sus frases célebres, todas ellas reflejan el interior de Frida, sus sentimientos, deseos…Voy y vengo por el interior de la vivienda, avanzo y retrocedo. Todos los ambientes son más bien pequeños y están intercomunicados.

Me hipnotiza su silla de ruedas, frente al caballete de pintor que le regaló Nelson Rockefeller. No es difícil imaginar a la mujer dolorida en cuerpo y alma que, febrilmente, se sumerge en la obra cuando podía hacerlo estando sentada. Cerca, otra muestra de su vulnerabilidad: los corsés que debió usar para mantener su débil columna vertebral erguida, la enfermedad y un accidente que se sumaron para provocar más sufrimiento.

DSC04243

Observo la célebre escultura del “niño invertido”, recordándole su maternidad frustrada. Más allá, sus frascos con pinturas, sus pinceles alineados frente a una ventana que le proveyó luz natural durante sus sesiones de trabajo. Tal vez, Frida haya utilizado este sector para escribir sus cartas, sus frases o su diario. Pienso esto porque no observo una sala de estar u otro lugar que invite a hacerlo, tal vez, ese espacio haya sido utilizado como sala de retratos.

Seguramente Frida debió pasar algo de su tiempo en la cocina, leí en un blog que le gustaba preparar platos tradicionales o prehispánicos. No es difícil suponer esto si consideramos el apego a la vestimenta mexicana típica a la que Frida adhirió incondicionalmente, hasta en eso fue revolucionaria: llevó su cultura hasta los salones mismos de París o Nueva York. Se observa en el lugar una cuidada decoración hecha por Diego, también los enceres necesarios y utensilios propios de un tradicional fogón mejicano.

DSC04242

La cama que pertenece a la recámara de día se encuentra enfrentada a un espejo que la ayudó a pintar sus autorretratos. Esto le resultó indispensable en los momentos, tal vez, más difíciles, donde la inmovilidad del yeso cubría gran parte de su cuerpo. El accidente, las sucesivas operaciones y el abandono de su primer amor hicieron que sus padres reaccionaran proveyéndoselo, lo cual fue una verdadera “salvación” para la artista aún no descubierta por el gran público. Más tarde, en esa misma cama reposaría su máscara mortuoria, sobre una hermosa colcha blanca, semi-envuelta por un sarape de colores grises y verdosos.

20170203_133653

Su cama de noche se me presenta con un “cielo de mariposas”, esas mismas que pintaba obsesivamente distraen mi atención. Su colección de juguetes o muñecas que la representan se encuentran cerca del tocador que contienen sus cenizas en una urna prehispánica, tal como ella, en vida, lo pidió.

DSC04244

Saliendo al exterior, bajando las escaleras, me encuentro con el jardín familiar que invita a sentarse a la sombra fresca de los árboles, también allí hay esculturas y objetos exóticos dispuestos con gran sentido estético. Me pregunto si fue allí donde puso a Liev Dadídovich (Trotsky) al tanto de los “desmanes sexuales” de su propia hermana (quien era cortejada por el célebre exiliado político), para luego convertirse ella misma en su amante, y si en ese lugar, con disimulo, logró atraer al revolucionario hacia la mujer que no podía canalizar sus desesperados reclamos a Diego.

Mi libro viajero, El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura, si bien no se extiende en el tema, me hace pensar en su vida intensa, pasional y comprometida con una ideología. Fue en ese período cuando sus adicciones se hicieron más virulentas y en el que el sufrimiento físico la esperaba, agazapado a medias, para dar la afrenta final que la postraría definitivamente.

Una casa habla del interior de sus ocupantes. La casa de Frida me habló de sus excentricidades, de sus debilidades, de su universo donde la mujer construyó su propio baluarte para defenderse de la muerte y del olvido. Nada en su hogar pasa desapercibido.

Frida es hoy, pervive en el cine, en la moda, en la admiración de quienes visitan su hogar y en quienes, como yo, se animan a recrear en su intimidad a la mujer que se identificó como la “artista que no pintó sueños sino su propia realidad”.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s