URUGUAY EN VERDE Y SEPIA

Cuando atravesamos la zona fronteriza desde Argentina hacia Uruguay, sentí que entraba a una Historia conocida que vivía, latente en mí, a través de la Literatura. ¡Imposible olvidar los versos de Mario Benedetti! Vuelvo/Quiero creer que estoy volviendo/con mi peor y mi mejor historia/conozco este camino de memoria/pero igual me sorprendo…

El “hermano” país “verde” (como tantas veces fue llamado), nos recibió cargado de sorpresas: belleza, hospitalidad y orden. Uruguay es gran país pequeño, sus rutas costeras están en muy buen estado, señalizadas y debidamente conectadas con todas las ciudades balnearias.

Observar el Río de la Plata desde las márgenes en Carmelo, Colonia del Sacramento o Piriápolis es ver que su ancho se pierde en la distancia. Es un estuario o bahía surgida de la unión de los ríos Paraná y Uruguay, más adelante, en la península de Punta del Este se une con el Océano Atlántico siempre dando lugar, a lo largo del cauce, a playas de arenas blancas, sol caliente y aguas templadas.

La costa uruguaya es belleza natural, pero también es Historia.

Carmelo muestra sus monumentos perfectamente integrados a la naturaleza virgen o intervenida sabiamente por la mano del hombre. El ambiente familiar invita a hacer un alto, tomar unos mates y, simplemente, descansar viendo fluir el río a la sombra de una maraña controlada de árboles autóctonos.

Más adelante, encontramos Colonia del Sacramento, sobre ella dice Martín Kohan en Los Cautivos que fue “nacida para ser portuguesa, y en el futuro brasileña, lista después para ser española y, por fatalidad argentina, acabó no ser nada de eso, sino uruguaya”.

Colonia cuida con esmero su centro histórico (Patrimonio de la Humanidad) y los restos arqueológicos de un fuerte del siglo XVII.

Abundan antiguas casas del siglo XIX recuperadas y en perfecto estado de conservación, algunas como museos e inclusive, una de ellas, es un importante restaurante donde se permite entrar a fotografiar sin consumir, destacable es la amabilidad de los dueños del lugar que invitan a hacerlo.

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Según Khoan, “la historia de una ciudad, se compone con la historia de sus calles”. “La Calle de los Suspiros: en apenas dos cuadras corta nace y muere, nace en una plaza, la plaza mayor, y baja hacia el lado en que el río es abierto e inquieto, el lado opuesto de la bahía” Cuentan las anécdotas que ésta era la calle de los enamorados o la de los prostíbulos, de ahí su denominación.

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Uno entra a una fotografía color sepia cuando recorre las calles adoquinadas del antiguo asentamiento; ellas animan a caminar, deambular hasta descubrir una serie de autos antiguos “intervenidos” por la mano del hombre en un marco del verde intenso de los árboles y flores que abundan en sus calles y veredas.

Solo está permitido el paso peatonal, esto hace que el silencio nos trasporte hacia esos siglos que la ciudad se resiste a dejar de mostrar. El rumor del río vecino, el perfume de las flores de estación y el canto de los pájaros irrumpen, en todo el trayecto, en la agradable monotonía del lugar.

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Para quienes deseen alejarse un poco, aconsejo visitar un lugar tan agreste como bello, con playas poco concurridas, casi vírgenes y con un circuito histórico muy bien demarcado e integrado al lugar.

Jóvenes mochileros acampando en el interior de la pequeña isla o visitantes que solo buscan un poco del sol y descanso encuentran un verdadero paraíso, poco promocionado, que invita a la aventura y a descubrir la historia de Uruguay y de países hermanos, es la Isla Gorriti. Ella es visible desde La Mansa, concurrida playa de Punta del Este que se encuentra tan solo a dos kilómetros de distancia.

Fue escenario también de diputas entre portugueses y españoles, guarda dentro de ella importantes restos arqueológicos e históricos que conviven con el bosque frondoso de la isla.

En las playas cercanas e inhóspitas se oye el canto de los pájaros y el sonido del mar. Estallido de colores, perfume de las flores silvestres y de los pinares que abundan dando frescura al lugar.

Un único catamarán une cada hora la isla con la península uruguaya. En unos pocos minutos es posible transportarse a ella desde la visitada y moderna Punta del Este.

El país “verde” nos recibe con generosidad y siento que nos invita a volver, siento que YA estoy volviendo con mi mejor y mi peor historia, y que me dejaré sorprender…

2 comentarios sobre “URUGUAY EN VERDE Y SEPIA

  1. Qué bonito post! me llevaste de vuelta por las callecitas de la bella Colonia… Hemos pasado unos momentos muy lindos en Colonia y Piriápolis. Ni que hablar de la isla Gorriti, un bálsamo de naturaleza y tranquilidad. Una abrazo grande! A seguir escribiendo de la mano de los libros y los viajes! 😉

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