CARTAGENA DE INDIAS

Recuerdo de «un paseo junto a Gabo»

Recorrer la ciudad amurallada a plena luz del día es una experiencia alucinante. Sin dejar de valorar las luces, la música, el trajín de los mateos que trasladan turistas noctámbulos y la hacen sumamente atractiva, elijo, en esta oportunidad, recordar a Cartagena iluminada de lleno por el sol del Caribe.

El calor reinante, la atmósfera húmeda, no impiden que vayamos demorándonos en nuestro paseo ni que yo insista en hablar con los lugareños mayores acerca de Gabriel García Márquez, abundan los “yo lo vi”, “a mí me dijo”, “compartí un café”. Así es como decido dejarme llevar por el juego de la ficción, después de todo el “realismo mágico” se ocupa de hacer “creíble lo increíble”, por qué, entonces, su mentor no habría de acompañarme a lo largo de todo el recorrido por la ciudad amurallada.

Caminamos por sus calles o por las bóvedas poblada de tiendas de productos artesanales. Confieso que los tejidos fueron mis preferidos en coincidencia con los gustos de mis hijas, allí compramos hermosos bolsos a muy buen precio, hoy los atesoramos entre nuestros mejores recuerdos de viajes, si bien debo reconocer que la artesanía colombiana es muy variada.

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En cualquier esquina, en cualquier lugar uno puede toparse con hermosas mulatas o negras (palenqueras) vistiendo coloridos atuendos, además de vender “antojitos”, aromáticos bocaditos de la cocina colombiana o bandejas con gran variedad de frutas, se ofrecen para posar junto a los turistas por algún que otro dinero. Hacen su trabajo en un clima de mucha alegría y respeto reclamando a voces sus monedas.

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Es muy interesante pasear por la vereda de “las reinas de la belleza”,  deambular por el Paseo de los Coches o el de los Dulces, visitar sus múltiples museos, quizás, los más atractivos  para el turista sean el de la Santa Inquisición o el del Oro o, simplemente, caminar observando la arquitectura de la casas que son conservadas en perfecto estado, en algunos casos, con una de su puertas principales de gran altura en relación con las comunes, debido a que originalmente se entraba al patio principal montado a caballo

Los balcones de Cartagena, sus patios o sus plazas cubiertas de plantas y flores dan un marco de particular frescura a lo tórrido del calor caribeño.

Mucho color en Cartagena, pero no es todo, los aromas son muy atractivos. Cada vez que pudimos, nos dejamos llevar por el deseo de tomar jugos exquisitos que se venden en los espacios públicos, para luego descansar un rato degustándolos y dándonos un tiempo considerable, bajo la sombra de acogedores árboles, simplemente para observar el trajín de los lugareños y turistas, escuchar la música y el voceo de los vendedores ambulantes.

Confieso que “sentí” a Gabo muy próximo siempre, cuando conduje a mis acompañantes hacia lo que fue el “antiguo puerto negrero” del “arrabal de Getsemaní”, cuando caminamos por la Calle de la Amargura o cuando logramos entrar a lo que hoy es el Hotel Legend Santa Clara de la cadena Sofitel, antiguo convento de las clarisas, entre otros lugares visitados.

Pasar la puerta principal del hotel y desembocar en su patio ya me condujo a pensar en los personajes principales de “Del amor y otros demonios”, uno “percibe” los pasos de Sierva María o de Cayetano Delaura, los protagonistas de otro amor “desencontrado” –como diría G.G.M.

“El convento de Santa Clara era un edificio cuadrado frente al mar, con tres pisos de numerosas ventanas iguales, y una gran galería de arcos de medio punto alrededor de un jardín agreste y sombrío.

Había un sendero de piedras entre matas de plátanos y helechos silvestres, una palmera esbelta que había crecido más alto que las azoteas…” (Cap. 3)

La sombra que proyectan las largas galerías que enmarcan un patio con una hermosa fuente de piedra, las plantas que ornamentan y refrescan el lugar hacen que el turista se sienta aislado de los ruidos de la calle. El antiguo convento o lo que queda de él cobra vida propia (aclaro que no tuve casi acceso a una amplia zona del hotel por no ser huésped del lugar).

Quedo deslumbrada por mi visita a ese lugar, donde nos demoramos recorriendo cada sala que estaba habilitada al público o nos divertimos “jugando” con un simpático y amigable tucán que deambula por el jardín y que se presta a las caricias de los turistas.

Allí me enteré que el convento de las clarisas data del siglo XVII, luego fue utilizado como hospital y que, en estos últimos años, desde 1995, la cadena hotelera a intervenido beneficiosamente, creo, lo cual hizo que todos podamos ir tras los pasos de García Márquez al visitar un sector bastante amplio y muy bien acondicionado.

Hoy en Cartagena (ciudad que tanto amó sin ser su lugar de nacimiento) reposan sus cenizas, pero apuesto que desprevenidos turistas o lugareños (lectores como yo desde la adolescencia), por momentos, deben “verlo” al inmortal Gabo recorriendo aquellos lugares que inmortalizó, vestido con su guayabera blanca y apenas protegido del sol por su clásico sombrero panamá.

4 comentarios sobre “CARTAGENA DE INDIAS

  1. Maravilloso relato Me hizo sentir viviendo la experiencia directa en ese lugar ;el cual no conozco pero que ya me gustaría incorporar a mi lista de nuevos proyectos de viajes Felicitaciones Me encanto

    C

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  2. Gracias por hacerme revivir los hermosos momentos vividos en Cartagena durante mi último viaje, mientras recordaba pasajes de las lecturas de Gabo. También recibí el mágico regalo de poder conversar con lugareños sobre él, con esos hermosos lugares como escenario. Lindo relato!

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